Pa que no piensen que son menos que los del otro blo' (el de los ñoños) y poruqe más público a mi no me cae nada mal, dejo aqui tambipen mi #confesión/ensayo" sobre "El collar de la paloma":
Una historia.
Manuel Buen Brujo: Una última pregunta, Azula ¿Para usted que es el amor?
Azula: ¿El amor? El amor es un sueño dulce del que no se quiere despertar.
Ibn Hazm ha decidido escribir sobre el amor en forma de ensayo largo con extractos de poesía, yo he decidido contarlo como una breve historia, la similitud en los personajes que aparecen y las situaciones que se describen es felizmente mera coincidencia.
Escribir sobre el amor es difícil, más aun cuando es necesario hacerlo en esos días que has descubierto que no amas ya a aquel ser humano en quien depositaste tantas esperanzas, incluida aquella del amor eterno; y peor aun si es justo el momento en que uno firma el divorcio y entrega a los hijos o realiza su homólogo: entregar una hamaca que tan bien lucía en la azotea.
Bien es cierto que el amor qué se nos vende hoy día (el amor verdadero, el amor eterno, tu alma gemela…) sólo debe presentarse una vez en la vida, ya que sería, en teoría, la última relación y hasta que la muerte los separe. Pero las cosas hoy por hoy, o al menos en este muy particular caso, no son así; como tampoco lo fueron hace quinientos, mil o dos mil años.
He aquí. Por eso mismo, una pequeña historia para tantos asiduos lectores:
Lo que en algún momento fue meramente atracción física pasó pronto a ser también atracción psicológica, una amistad comenzaba a forjarse y dos vidas cambiaban para no volver a ser nunca como antes. Sonrisas fugaces entre ambos eran inevitables, como también lo era sonreír para el resto del mundo, más interacción e intercambio de ideas entre ellos y sobre ellos con los demás y una nueva (o en un caso renovada) forma de ver la vida.
Mariana es el nombre de ella (y como no nos interesa mantenerla como anónima, utilizaremos ese mismo). Él, se llama Rodrigo (y pasa por aquí la misma falta de interés).
La historia, en realidad comenzó tiempo antes: cuando el milenio recién había comenzado. Era el año dos mil, Rodrigo cursaba el primer semestre del C.C.H.; Mariana segundo de secundaria. Coincidían en la misma escuela y con los mismos horarios, lo cual los obligaba a verse diario. La primera prueba de interés vino de Rodrigo; cuando, por vergüenza, decidió hacerse amigo del hermano de Mariana y así, poco a poco, conocerla y acercarse a ella. En ese tiempo el amor que cualquiera de ellos podía conocer era lo que popularmente se llama: Amor de secundaria; un amor lindo y conflictivo sin ninguna base sólida real. Tras varias reuniones “casuales” Rodrigo sentía que había reunido suficiente información sobre Mariana y tenía la seguridad de que él a ella también le gustaba. Un día Rodrigo y Mariana salieron; lo que tenía que pasar pasó, se besaron y comenzaron a tener una “relación de pareja”. Más temprano que tarde ella se cambió de escuela y su relación terminó.
El tiempo pasó y varios eventos marcaron a ambos definiendo el rumbo de sus vidas; hasta que una tarde, cierta casualidad los cruzó por el zócalo de la ciudad. Una corta plática los llevó a intercambiar números y prometer encontrarse nuevamente para platicar con más calma. Durante los próximos días Rodrigo soñó despierto con los recuerdos de aquella que fue uno de sus primeros “amores”, recordaba sus pláticas, sus escritos, su sonrisa y ya enterrado profundamente en los brazos de Morfeo recordaba aquellos viejos besos.
Conforme los días pasaban Rodrigo descubría que estaba interesado en encontrar a esta soñada mujer y dicho sentimiento se incrementaba conforme hablaba acerca de ella con sus amigos. Esto lo orillo a contactarla nuevamente:
–¿Bueno?... ¿Pensabas en mi?... Sí, sí. Para eso te hablaba… Al zócalo. Ah, por eso pensabas en mi… Sí, sí se donde venden telas… Como no, yo te llevo. Nos vemos entonces en…-
El metro estaba lleno, como todo buen domingo en el zócalo. La espera se hacía larga y el sentimiento de soledad de la gran ciudad, donde uno se puede sentir igual de solo en cuarto rodeado por desconocidos sin ser mirado que en una isla desierta, invadía a Rodrigo, lo impacientaba. Diez minutos después de la hora pactada él estaba apunto de explotar, -no va a llegar- decía para si mismo –como piensas que puedes interesarle si sólo…- De pronto, en una rápida mirada a ese mar de gente distinguió el rostro de Mariana, con los enormes y expresivos ojos que la caracterizan; esos ojos en los que sintió que se perdía o al menos que le encantaría hacerlo. El día pasó y cada vez más estaba, nuestro joven Rodrigo, seguro de que lo que sentía era amor.
Manuel Buen Brujo: Por cierto, Azula ¿usted ya sabe lo que le pasa a una bruja que comete el error de enamorarse?
Azula: No.
Manuel Buen Brujo: Pues sépalo desde ahora: Pierde todos sus poderes y se convierte en un despojo humano.
Azula: ¿Incluso si es correspondida?
Manuel Buen Brujo: No, en ese caso no ¿pero en estos tiempos, quien es correspondido?
Más encuentros hubo entre ambos personajes y con el trato Rodrigo descubrió algo que esperaba no fuera cierto, el amor no era correspondido. Mariana no sólo no sentía lo que él por ella, además también estaba en una relación con otra persona. No fue sino hasta que el tiempo pasó que Mariana comenzó a sentir ese mismo amor por Rodrigo. Cuando de pronto ambos descubrieron que sin falta se encontraban cierto día en cierto lugar y sin previa cita que Mariana decidió hacer evidente el interés que ya sentía ella en él.
Como en toda buena historia de hoy en día, los celulares están presentes; y en este caso son los que marcan el verdadero principio y, de algún modo irónico, el final. La relación que Rodrigo y Mariana tenían, era ya algo estable, pero aun no del todo. Mariana seguía en otra relación y no quería crear ningún compromiso con Rodrigo. Rodrigo se resigno entonces a mantener contacto constante con ella através de los mensajes de texto, de menos 30 al día. Por supuesto, con total discreción por parte de ambos ya que sólo selectas personas podían saberlo pues no querían perjudicar la imagen de nadie. Una tarde calurosa el mensajero hablo por si solo con quien no debía; la pareja de Mariana, Luis, tuvo el celular de ella y encontró la correspondencia; con el secreto casi al descubierto pidió a un amigo información y este se la dio, “rápido y sin dolor” era su lema.
Luis decidió entonces que callaría el secreto y viviría con esta mujer sin importar lo que esto representara para él. Para fortuna de nuestro buen héroe (Rodrigo), aquel hombre que había revelado todo lo que sabía, acudió a Mariana y le pidió que dejara a Luis pues ya lo sabía todo y sólo estaba sufriendo.
Azula: Oye Ratón ¿tú estás enamorado?
Ratón: No pero estoy borracho que es lo mismo ¿no?
Azula: No, ya enserio.
Ratón: No, sólo mi abuelo conoció el amor, con una hormiga, y el muy menso terminó hervido en la olla de los frijoles.
Mariana y Rodrigo eran ya una pareja, la relación florecía como nunca antes, ambos aprendían tanto como podían el uno del otro y compartían intereses comunes…
La historia aquí se convierte en una historia clásica de enamorados en la que todo es miel sobre hojuelas y que espero todos conozcamos en algún momento de nuestra vida y, por eso mismo, no la contare. El final de esta historia no corresponde a este ensayo sobre los primeros veinte capítulos de “El Collar de la paloma” así que si ustedes, asiduos lectores, están interesados en conocerlo, tendrán que esperar.
Manuel Buen Brujo: ¿Le gusta Azula?
Azula: Es bellísima la canción.
Manuel buen Brujo: Es como usted: Dulce, tierna fantasiosa y con un acento de tristeza en el fa sostenido.
Azula: ¿Es suya?
Manuel Buen Brujo: Le pertenecerá a usted cuando sea bruja y no importa lo que falte o suceda mientras pueda escucharla.
Citas de: “Canción remendada para mi bruja rota” .
De: Haydee Boeto y Ricardo Esquerra.
miércoles, 18 de febrero de 2009
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